Tras el alegato político del sábado, la misa del domingo. Sin embargo, en un registro obviamente diferente, como es el de una homilía, y hablando con claridad entre líneas, el Papa ha vuelto a incidir este domingo ante una impresionante multitud -1,2 millones de personas según los organizadores; 1,1 según la Delegación del Gobierno- en una de sus principales batallas: recordar que los auténticos valores cristianos son incompatibles con algunas posiciones políticas, pese a que estas presuman de representarlos. “Nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano”, ha dicho. Es la misma línea de crítica directa a Donald Trump, que cita la fe para avalar una guerra, pero que también se extiende a los populismos de su órbita política en Europa. Robert Prevost, en su etapa en España, está librando un pulso global. Entre los asistentes, además, había miles de latinoamericanos.
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