
Hasta el domingo son casi 90, según las autoridades ceutíes. Y el dato todavía puede crecer. Como tantas veces, la cifra apenas sirve para ocultar una realidad sobre la que no cabe cómputo ni numeración. Porque el valor de cada vida singular tiende a infinito. Noventa han sido casi, digo, el número de personas que han sucumbido en el asalto a la playa de Ceuta. Murieron ahogados, ateridos de frío, sofocados hasta un último aliento para terminar, como empieza a ser costumbre, en la orilla. Buscaban, suele expresarse así, un futuro mejor. Pero, sobre, todo huían de un régimen despreciable que no duda en arrojar a sus propios ciudadanos al abismo con tal de alimentar una siniestra táctica de política exterior.
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