Después de un periodo en el que cundió el desánimo, la diplomacia española se está empleando a fondo para rehacer los puentes rotos con Argelia al rebufo del giro imprimido por el presidente Pedro Sánchez a la política de Estado en relación al conflicto del Sáhara Occidental. “Me encantaría ser yo el que fuera a Argel”, declaró esta semana Sánchez en un guiño. Los gestos de buena voluntad no sólo son públicos, sino también privados. Ahora bien, nadie espera resultados sustanciales en el corto plazo, sino que más bien este es el inicio de un largo camino hacia la reconciliación.
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