Recordaba el jueves María Yolanda Cobos que una de las cosas que más había sufrido en los últimos años fue saber que su hija sufría problemas de salud, ansiedad; que no contaba con suficiente atención médica en el campamento sirio de Al Roj, a un tiro de piedra de la frontera sureste de Turquía. Uno de esos problemas ocurrió en marzo del pasado año. Cobos y su marido, Luis Martínez, sabían que algo le pasaba a Yolanda, recluida en el noreste sirio junto a los cuatro hijos que tuvo con el yihadista Omar el Harchi. Le dolía el pecho, había sido trasladada a un centro sanitario, pero no había información disponible sobre su estado. El dolor y frustración en aquellos momentos de los padres de esta española fue muy grande. Según lo relataba Cobos ante la prensa, en Madrid, con las manos en al pecho y una cruz cristiana por el cuello, su marido, Luis Martínez, rompía a llorar de emoción. Porque la historia que precedió a la repatriación el lunes de 15 ciudadanos españoles desde el noreste sirio, entre ellos, su hija, casi cuatro años después de ser localizados, ha sido sin duda la de esos niños y mujeres varados en un limbo legal a las puertas de una guerra, pero también la de los familiares que reclamaban su retorno sin respuesta de las autoridades.
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