Las elecciones y la tentación de tumbarse

Malas noticias. Los políticos no están consiguiendo transmitir que tienen, efectivamente, un plan que poner en marcha si ganan las elecciones del 23 de julio. Lo que se está escuchando, sobre todo, son reproches por el tipo de socios con quienes van a firmar unos y otros para gobernar el día después. Así que se imponen los reproches. O peor aún: ruido y más ruido. Es el balance más inmediato que se pudo hacer tras el debate del lunes en televisión, ese balance que se hace de manera espontánea, sin pararse un segundo a reflexionar. Se interrumpieron cada rato, no se entendió lo que decían, poco les importaban los argumentos del adversario, estaban obsesionados por colocar como fuera sus consignas partidistas, pero en realidad no llegaron a presentar —ni a hablar ni a discutir— ningún plan. En España la gente había empezado ya a cocinarse a fuego lento. El calor subía a lomos de un caballo desbocado que galopaba como loco, pero a los líderes de los dos partidos más importantes no se les ocurrió hablar ni un solo momento de cómo combatir esos excesos, las altas temperaturas o también algunas tormentas locas que inundaron las calles de algunas ciudades.

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