Tras el escrutinio del voto exterior, este viernes, el calendario electoral sigue su curso para que los candidatos de los principales partidos sumen apoyos ante una eventual investidura, ya con el resultado prácticamente definitivo. El tiempo corre marcado por las reglas establecidas en la Constitución, el Reglamento del Congreso y la Ley Orgánica del Régimen Electoral General. La segunda de las fechas clave, tras la cita en las urnas del 23-J, era ayer, día 28, pues el balance final dependía aún de los sufragios emitidos desde fuera de España. Las papeletas depositadas por los 233.688 inscritos en el Censo Electoral de Residentes Ausentes (CERA) —el 10,4% de los llamados a votar por esta vía— han modificado el reparto de un escaño por Madrid, antes atribuido al PSOE y ahora cosechado por el PP. El equilibrio de los bloques de la izquierda y de la derecha en la Cámara baja queda en empate, y Junts conserva la llave de la gobernabilidad de la XV legislatura. Aunque ahora hace falta al menos el voto a favor de dos de sus siete diputados para investir a Pedro Sánchez, cuando antes bastaba solo con la abstención. Pero no es la primera vez que una fuerza nacionalista tiene en su mano decantar el Gobierno de un lado o del otro. El voto de los nacionalistas y regionalistas fue clave en 1989 y 1993 (Felipe González), 1996 (José María Aznar), 2004 y 2008 (José Luis Rodríguez Zapatero), 2016 (Mariano Rajoy) y 2020 (Pedro Sánchez).
Sé el primero en comentar en «El voto de los nacionalistas y regionalistas, una constante en las investiduras sin mayorías claras»