Todo o nada rumbo a El Hierro, la última baldosa de Europa

Los enormes cayucos de colores se amontonan en una esquina del puerto de la Restinga, en la isla canaria de El Hierro. Sobre ellos, dos trabajadores hacen equilibrios entre los tablones de madera que sirven de asiento: revisan los motores, buscan fugas de agua para prevenir que la barcaza acabe en el fondo del mar. Dentro solo hay restos de viajes tortuosos a través del Atlántico: latas de conserva, chubasqueros, galletas saladas, mochilas, bidones de agua y algún zapato. La conversación de los dos hombres se pierde con el ir y venir de una ruidosa excavadora que retira los restos de más barcazas que ya están en tierra. Hay estruendo y hastío en la misión. Mientras, en el mismo muelle, y en silencio, la Cruz Roja atiende 129 supervivientes de otro cayuco que acaba de llegar. Hasta que unos gritos recorren el puerto y paran todo.

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