Uno de mis vicios es jugar a adivinar quién ha votado qué en las elecciones. Empiezo en la campaña, auscultando al personal en la calle, las redes y los bares. Sigo en el colegio, clasificando a ojímetro a los votantes, de presidente y vocales de las mesas para abajo. Y confirmo sospechas el día siguiente, exprimiendo esas aplicaciones que desgranan el voto por provincia, municipio, calle y, casi, cada WC de tu bloque, con lo que acabo de atar cabos y le cuelgo el sambenito a todo el que se me cruce. El caso es que, después del año de la marmota electoral que vivimos, estaba una aburrida con lo previsible del juego, cuando, en estas europeas, saltó la sorpresa en las urnas. Un tal Luis Pérez, Alvise para su mundo, ha reunido 15.000 firmas en Telegram y ha sacado nada menos que tres euroseñorías. Más allá del retrato robot del alviser que esbozan las encuestas, ya te aterrizo yo quién le vota, y lo hago en su idioma, para que me entiendan.
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