El ADN, que llevó a la reconstrucción de un árbol genealógico que hincaba sus raíces en 1871, fue determinante para resolver un asesinato en un bosque de Málaga de 2022 y detener el pasado mes de mayo a un asesino en serie que ya había cumplido condena por otros cuatro homicidios similares. Su identificación permitió aclarar a mediados de junio la desaparición de una joven sevillana, cuyos restos se encontraron en un cañaveral de Gandia (Valencia). El hallazgo de una pestaña del autor del crimen en la cremallera de la mochila que llevaba su víctima y su análisis posterior fue clave para la resolución de este caso, dos años después.
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