Carles Puigdemont: Una (des)aparición con efectos procesales

La (des)aparición de Carles Puigdemont en Barcelona es la certificación de un fraude protagonizado por quien también hizo creer a los suyos que lograrían una Cataluña independiente. Esta vez, con una orden de detención activa, había prometido que regresaría para la sesión de investidura, aunque no fuera el candidato. No cumplió porque, si bien se dejó ver apenas unos minutos, huyó con mucha prisa y sin intentar sortear la detención para ejercer como diputado y tomar parte en la votación de Salvador Illa como president de la Generalitat. Lo visto no es astucia política. Tampoco un espectáculo de ilusionismo ejecutado ante las cámaras de televisión. Y es que quien acude a un espectáculo de esta naturaleza sabe que lo que allí se representa no es lo que parece. El ilusionista, de hecho, no oculta malintencionadamente que todo lo que hace tiene truco, aunque la gracia consista en que este no se descubra. No niego la pericia de Carles Puigdemont para el escapismo. Pero nadie encontrará en esta manera de proceder honestidad ni sentido de la dignidad y el decoro.

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