El nacionalismo, de celebración en el País Vasco y Galicia, vive en cambio tiempos de tribulación en Cataluña. El contraste es drástico y abarca resultados electorales, estabilidad/inestabilidad de los liderazgos, claridad/incertidumbre sobre las hojas de ruta y unidad/división del espacio político. Se aprecia un patrón, al que le pone palabras el sociólogo y consultor político Carlos M. Abella: “Cuanto menos nacionalistas se muestran los partidos nacionalistas, cuanto más acentúan lo social en detrimento de lo identitario, mejor les está yendo”.
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