
El reestreno de Donald Trump como presidente de la primera potencia mundial parece más una vengativa razia de botín de un jefecillo medieval que la gestión de un líder democrático contemporáneo. Sus primeras medidas empiezan a parecerse al saqueo de Constantinopla de 1204. Entre los actos vandálicos recién ejecutados por el sátrapa hemos conocido el despido de una docena inspectores generales de los servicios y agencias federales.
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