
El 2 de mayo no hubo parada militar en Madrid, pero sí escenificación de trincheras. Ayuso se apropió simbólicamente de la Puerta del Sol, vaciada de ministros, de Ejército y de pasado franquista en un acto institucional tan falto de protocolo como lleno de intenciones. El apagón que dejó sin luz a España fue el telón de fondo de una jornada en la que la presidenta madrileña consolidó su relato de aislamiento voluntario frente a un Gobierno ausente. Lo paradójico es que la misma presidenta que ha construido su liderazgo como desafío al Gobierno central reclamó que el Ejecutivo asumiera el mando único. ¿Fue una apuesta calculada? Quizá. Si la gestión del apagón salía mal, el desgaste para Sánchez podía ser letal. Si salía bien, el coste político de Ayuso era nulo. Pero, ¿realmente era tan alto el riesgo para el Gobierno?
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