Alejandro Fernández es de los pocos políticos españoles capaces de pronunciar las palabras “Michael Oakeshott” sin atragantarse, toda una rareza en un país donde los propios conservadores tienden a interpretar el término “conservador” como un insulto y a esconder sus convicciones como si fueran una sífilis. Resulta curioso, por tanto, que Fernández haya llamado la atención en esta vida por dos manifestaciones que hubiesen dejado sin palabras a don Jaime Balmes: versionar una canción de Lady Gaga —“Ale-Alejandro”— en su campaña a la alcaldía de Tarragona en 2011 y publicar, ya estos días y como líder del PP en Cataluña, un libro bajo el título A calzón quitao. En concreto, uno de esos libros-bomba que ilusionan poco al mando de los partidos pero entretienen mucho a los cargos y las bases: si Proust llevó el chismorreo a la literatura, no vamos ahora a descubrir el poder del factor humano —a quién alabas, a quién omites, a quién mandas wasaps— en la política.
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