“Al acabar el mes la situación es irrespirable”, anotaba Carlos Solchaga en sus diarios el 30 de abril de 1994. “Felipe González parece estar noqueado”. Solchaga, figura clave del felipismo como ministro de Economía, era portavoz parlamentario en una situación crítica. Como escribe el historiador Charles Powell en su ensayo España en democracia, aquella fue la legislatura de la crispación: la iniciativa política de un Gobierno en minoría quedaba permanentemente sepultada por “el estallido casi ininterrumpido de escándalos de diversa índole y gravedad”.
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