En la ciénaga del Congreso en la que se representan las sesiones de control es imposible ya debatir de nada que no sea sobre el pus de la corrupción. El tufo es insoportable. Ninguna discusión útil es viable. Lo intentó, en un momento oasis, un diputado del PNV sobre las carencias de tripulaciones para mantener la pesca y casi resultó una caricatura, como luego le reprochó un portavoz del PP que le ubicó como otro más de los cómplices “atrapados en la red” de los casos que están sepultando al Gobierno. Otro parlamentario popular lo probó sobre los malos datos micro de la tan cacareada macroeconomía del país y el obviado ministro Carlos Cuerpo tuvo que reseñar que el PP llevaba 537 días sin interesarse en esos duelos dialécticos ni en él ni por su materia.
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