El sistema de financiación autonómica presume de ser tan complejo como el mecanismo de anticitera, un instrumento construido por los científicos griegos en el año 150 antes de Cristo para predecir posiciones astronómicas y cuya creación se considera una especie de enigma de la antigüedad. El reparto de los recursos entre el Estado y las comunidades es poco intuitivo y tan abstruso que a algunos consejeros autonómicos les cuesta entenderlo.
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