
La moción que planteó Vox en Jumilla para prohibir la celebración de la Fiesta del Cordero en las instalaciones deportivas de esta localidad murciana era un despropósito. La versión enmendada, apoyada por el PP y Vox, también tiene muchos problemas. Como ha explicado Germán Teruel, la idea de defender manifestaciones vinculadas a “nuestra identidad” o “proteger valores y manifestaciones religiosas tradicionales” choca con la aconfesionalidad del Estado, no encaja con la importancia del pluralismo y la libertad en nuestro ordenamiento jurídico, e ignora el deber de colaboración de los poderes públicos con otras confesiones. No está claro por qué hay que proteger esas manifestaciones religiosas y tampoco sabemos de qué se las defiende: un hecho sociológico central de los últimos 50 años en nuestro país es la secularización, producto de la libre elección de los ciudadanos. La segunda parte de la moción, que restringe el uso de las instalaciones deportivas, puede ser discriminatoria en la práctica: a fin de cuentas, es lo que pretende. No es fácil borrar su origen; su objetivo no es neutral.
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