Cuatro mil muertos en Badajoz

Si viviéramos en Badajoz y estuviéramos en 1936, este fin de semana irrumpiría en nuestra tierra una horda de hombres salvajes, como la que vimos en Torre Pacheco hace días blandiendo machetes, y les abrirían las carnes a nuestros padres, horadarían las frentes de nuestros hermanos pequeños y desaparecerían a nuestros amigos. Los amontonarían en el ruedo de la plaza de toros y los fusilarían, y llenarían la calle del Obispo de sangre y el río Guadiana, que se tintaría de encarnado desde las Tablas de Daimiel hasta el Atlántico. Los extranjeros hospedados en la ciudad huirían con el estómago plegado y ya no podrían ingerir sólido alguno, y sus testimonios sobre la barbarie serían puestos en duda por los descendientes de un luengo Estado fascista, testimonios como el siguiente de Jay Allen:

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