Los desalojados vuelven a casa tras el fuego ante un futuro incierto: “Es un desastre total”

Floro Recio en la plaza de Cabezabellosa (Cáceres), este sábado.

Una de las técnicas del buitre para identificar dónde se encuentra la carroña es el avistamiento de un grupo de otros buitres sobrevolando un punto concreto. Tras detectar la imagen, el ave se suma a la bandada, aumenta el número de ejemplares y eso provoca que más buitres acudan al lugar en busca de los cadáveres de animales. Una escena así ocurre a mediodía de este sábado en el pico más alto del término municipal de Cabezabellosa (Cáceres), el Pitolero, a 1.400 metros, donde una decena de leonados se arremolina encima de la tierra quemada. “Estos están haciendo el agosto ahora”, apunta Ricardo García, oriundo del pueblo y que ronda los 50 años, mientras inspecciona la zona por primera vez tras el paso del fuego. El suelo del Pitolero parece hoy el cráter de un volcán salpicado de palitos chamuscados. “Qué pena, qué pena. Esto antes era una maravilla”, se lamenta Míriam Muñoz, de 49 años y esposa de García. Minutos antes, ella contiene las lágrimas al poner el primer pie en la localidad tras cuatro días de desalojo.

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Un muro de piedra en la carretera que va a Cabezabellosa (Cáceres).Borja Viillar, en el bar Antonio, de Cabezabellosa. Vista del mirador de Cabellabezosa.

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