Lo más lacerante de esta tórrida canícula es que estábamos avisados. Sabíamos que España se encuentra a la vanguardia de los países más afectados por el cambio climático, o que no habíamos revertido el abandono de la España vaciada. Los incendios han afectado a casi todo el territorio nacional, pero los peores han tenido lugar en los lugares menos poblados, en las provincias más pobres, en esa línea que baja de Norte a Sur paralela a la frontera con Portugal. Son los lugares ya casi desahuciados y que apenas se atreven a meter baza cuando los recursos de todos se distribuyen más por ventajismos políticos que por la atención a las necesidades reales.
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