Cuando las llamas le cerraron el paso a Jesús Martín en mitad de la montaña, se preguntó durante un momento por qué estaba allí, a pocos metros de uno de los focos del incendio. Él no es bombero, se dedica a la construcción. No es del pueblo cacereño más cercano al fuego, La Garganta, sino de otro más al sur llamado Baños de Montemayor, también extremeño. Sin embargo, está allí, en mitad de la montaña, donde no existen caminos para llegar y hay que abrirse paso a pisotones entre los arbustos, luchando contra el fuego mano a mano con los bomberos. “Si hoy no ayudamos a La Garganta, cuando el fuego nos llegue a nosotros, con qué cara les vamos a pedir ayuda”, comenta. Decirlo en voz alta le da valor para atravesar un tramo cercano a las llamas donde la temperatura quema la piel usando la rama de un arbusto como escudo.




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