
El 12 de agosto, mientras decenas de miles de turistas se zambullían en las aguas turquesas de las Baleares, más de 300 personas alcanzaban las costas a bordo de 16 pateras salidas de Argelia. Al día siguiente llegaron 260 náufragos. Veinticuatro horas después, otros 80. Cuatro días más tarde, 160. Y al siguiente, casi 140. Mientras las islas baten récords de visitantes —en julio eran el primer destino de los turistas extranjeros en España— también encadenan máximos de llegadas de migrantes.

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