La cala Arenas de Algeciras parece un escenario natural idílico desde el aire. Pero, a pie de tierra, el monte escarpado cuajado de espinos que la rodean complican el acceso al agua. La cosa se complica más si es de noche y tienes que subir la ladera, entre arañazos, y cargado con un fardo de hachís que pesa unos 40 kilos. La noche del pasado 22 de agosto unas 25 personas se afanaban en esa tarea para completar un alijo de hachís que acababa de llegar a bordo de una narcolancha. Sus siluetas se dibujaban como puntos luminosos en las cámaras térmicas de la Policía Nacional. “Parecían sherpas”, rememora uno de los investigadores responsables del operativo. La sorpresa fue mayor cuando descubrieron que esos porteadores que surcaban la montaña eran menores.
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