Tenía 86 años, se llamaba Antonio Famoso y no lo conocía nadie. Llevaba 15 años muerto, pero en el barrio creían que seguía vivo en algún sitio. Nadie le echó en falta: seguía cobrando la pensión, y los recibos domiciliados se pagaban solos. Los bomberos lo encontraron momificado cuando el vecino de abajo llamó al seguro por una gotera. Si fuera una ficción, el personaje no podría apellidarse Famoso, pero la realidad prefiere lo obvio, no se trabaja las metáforas.
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