
Solo unos pocos de los que la temen la han visto. Pero ella no se ha escondido nunca. Los únicos detalles que coinciden con el estereotipo de jueza son dos: un Mercedes mal aparcado en la puerta del garaje y una maletita de ruedas. Pero cuando uno se acerca un poco, observa que el coche tiene más de 15 años, algunos rasguños, y que su maleta carga con los mismos kilómetros. Lleva un vestido rosa por debajo de la rodilla, una chaqueta de punto roja y negra, el pelo enredado en la parte alta de la nuca en un recogido rápido, como el de una madre que trabaja y no tiene tiempo para tonterías, la cara lavada y cansada, y entra caminando como cualquier vecino por la puerta principal de los juzgados de Catarroja (Valencia, 30.142 habitantes). Se llama Nuria Ruiz Tobarra, nació en Valencia, tiene 52 años, y desde este juzgado pequeño no solo dirige la macrocausa penal por la gestión de la dana, sino que también desenreda la verdad histórica de lo que sucedió en la catástrofe natural más grande de este siglo en España.
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