La niña histórica

Un día me despierto y me dice mi madre que se ha muerto Franco. Me doy la vuelta para seguir durmiendo, porque en mi escasa memoria histórica aún resuenan los tres días de luto que nos dieron por el asesinato de Carrero Blanco. Pero mi madre, tan transigente por unas decimillas, hoy no está dispuesta a ceder. Y al colegio que voy, emprendiendo el camino de arena entre edificios de protección oficial por el que solemos ir los niños porque no hay tráfico. A veces se nos aparece un señor que se abre la gabardina y nos enseña el pito. Pero hoy no está, porque el señor exhibicionista (palabra que entonces desconozco) ha debido imaginar que en este día tan señalado las niñas no irán a la escuela, y entonces para qué. Soy la única que recorre este caminito sinuoso entre las casas del Estado. Yo soy una niña burguesa, que vive en una torre, pero me quedan dos años aún para sentir vergüenza por mi privilegio.

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