Pedro Sánchez resiste pese a haber iniciado la legislatura con el ejercicio de contorsionismo de la amnistía a los implicados en el procés, que de ser anatema pasó a ser plenamente constitucional. Pese a tener una mayoría negativa en el Congreso tras el reciente portazo de Junts, lo que deja en punto muerto un mandato ya de por sí complejo. Pese a que los Presupuestos Generales del Estado están prorrogados desde 2023 y no hay expectativas de aprobar unos nuevos. Pese al cerco judicial a su esposa y a su hermano. Pese a la reciente condena al fiscal general del Estado. Y, finalmente, pese a que sus dos anteriores secretarios de Organización en el PSOE, personas de su absoluta confianza, están implicados en un latrocinio sonrojante.
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