Se asoma la Navidad, tiempo de generosidad, buenos deseos y preocupación por los demás. En ocasiones, hasta de parar una guerra. Como en 1914, cuando el frente occidental de la Gran Guerra enlazó una cadena de treguas no oficiales. Días antes del 25 de diciembre, soldados británicos, franceses y alemanes salieron de sus trincheras y hablaron. Algunos se arriesgaron a mezclarse y compartir comida, celebrar funerales conjuntos, intercambiar prisioneros, recuperar cadáveres amigos, incluso a jugar al fútbol. Un año después, se repitieron algunas de esas escenas, aunque de manera tímida. En 1916, tras el recrudecimiento de las batallas y meses de pérdidas catastróficas, ya nadie anhelaba una tregua.
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