
Cuatro policías de Madrid vestidos con ropa de calle están escondidos en el camarote de un velero frente a las costas de Mauritana. Llevan tres días navegando. Duermen como les deja el mar, que sacude la embarcación con violencia. Al timón está un alemán aventurero que les alquiló el barco en el Puerto de Arguineguín, en Gran Canaria, y al que le pareció emocionante acompañarlos en busca de un cargamento de cocaína. La otra mitad de la tripulación la forman agentes de Vigilancia Aduanera. Son unos diez, y el velero, de 18 metros de eslora, se les queda pequeño. El cansancio, los nervios y las olas les han hecho creer que no van a encontrar el buque que buscan, hasta que ven la señal en el radar.


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