Ningún gobierno se mete por placer en el jardín que supone reformular la financiación autonómica. El último que se atrevió fue José Luis Rodríguez Zapatero, bajo presión de los nacionalistas catalanes —de quienes dependía en buena medida— y de dos barones tan potentes en la época como el catalán José Montilla y el andaluz Manuel Chaves. De ello hace ya 17 años y nadie más ha osado entrar en el mismo fregado pese a que el actual sistema venció en 2014. Si ahora Pedro Sánchez ha decidido abrir el melón tampoco es por gusto, sino para dar aire a quien es su principal apoyo dentro de la familia socialista, el presidente catalán, Salvador Illa, cuya investidura fue posible gracias a acordar con Esquerra Republicana ni más ni menos que un sistema de financiación “singular” para Cataluña.
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