El Gobierno puede intentar convencernos de que todo se hace bien en la gestión de los trenes en España: el mantenimiento de las vías ha sido perfecto; el tren siniestrado acababa de pasar la revisión; las conversaciones grabadas entre el maquinista y Atocha reflejan una corrección extraordinaria. Pero lo cierto es que un tren descarriló, que otro chocó con él sin que Adif se diera cuenta y que 45 personas murieron. Y lo cierto es que otro tren chocó con un muro y otra persona murió. Todo se hizo bien todo el rato, nos dicen. ¿Entonces nada falló? ¿Todo fue una fatalidad?
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