23-F | El secreto vacío

La expresión fue acuñada por George Simmel hacia 1908. Un secreto vacío no se puede ni desvelar ni refutar, precisamente porque está vacío, porque no contiene nada; es el secreto perfecto, invulnerable. Un ejemplo ideal es el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981: el gran secreto sobre el golpe de Estado del 23 de febrero es que no hay ningún secreto. ¿Significa esto que lo sabemos todo acerca de él? Por supuesto que no: no existe un solo acontecimiento en la historia de la humanidad del que lo sepamos todo; ese conocimiento absoluto no pertenece a la historia: pertenece a la fantasía o a la conspiranoia. Puede parecer curioso que lo que todavía no sabemos del golpe apenas se haya estudiado: por ejemplo, qué ocurrió con exactitud aquella noche en las diversas capitanías generales, o en las diversas capitales de provincias; pero en realidad no es curioso: saberlo contribuiría a refinar nuestro conocimiento de la verdad, pero no es espectacular ni genera titulares, no desvelaría el gran secreto imposible de desvelar sobre el golpe de Estado del 23 de febrero y, por lo tanto, no es un negocio. De eso se trata en gran parte: de que no pare el espectáculo, de seguir con el negocio.

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