El genetista forense de Lasa y Zabala, el 11-M, el Yak-42 y el crimen de Almonte: “Si la ciencia no es inmediata, menos lo es la justicia”

Antonio Alonso, exdirector  del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, en Madrid.

Antonio Alonso enfrentó por primera vez la muerte en aquel pabellón de Ifema. La respiró, la vio y la tocó. Era 11 de marzo de 2004 y fue uno de los científicos movilizados para las tareas de identificación de los cadáveres del atentado yihadista que convulsionó España y mató a 192 personas. En ese momento, todo era adrenalina y cumplir con una misión, no había tiempo de reflexionar sobre lo que acababa de suceder. “Como científico, estás acostumbrado a la vida aséptica del laboratorio, pero esa fue la primera vez que salía y veía la muerte en directo”, señala. No fue hasta unas semanas después, mientras tomaba una cerveza en una terraza, cuando le vino a la nariz de golpe todo el olor que le impregnó aquellos días. “Me asusté y todo, pensé: ‘¿Qué me está pasando?”.

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