Uchda, la penúltima valla antes de llegar a España

La casa de Hamza está en un callejón sin salida cerca del zoco de Uchda. La puerta casi siempre está abierta. La única llave la tiene el casero. El aire se espesa al subir los diez primeros escalones hacia la primera planta. La vivienda tiene dos pisos, una terraza en el tejado, un baño y diez cuartuchos de paredes roñosas. Cuando llueve el agua entra por el tragaluz de la escalera. No hay cocina. Ni muebles. Ni equipaje. Solo algunas colchonetas y esterillas pegadas unas a las otras y un par de móviles cargándose en los enchufes. Dormir aquí, en un pedazo de suelo, cuesta un euro al día. La casa de Hamza, un sudanés veinteañero y enigmático, sirve de escondite a 40 refugiados sudaneses recién llegados a Uchda, la ciudad marroquí a solo cinco kilómetros de Argelia que supone la penúltima frontera antes de intentar el salto a España.

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