
Todo comenzó por un sticker, una imagen creada a partir de una foto y compartida con el móvil. El sargento en cuestión “gozaba de cierta simpatía entre la tropa por la cercanía que mostraba con ellos a costa de las bromas que gastaba”. Él se dejaba llamar “calvo” o “gordo” y a cambio bautizaba con motes a sus subordinados, por ejemplo, tildando a uno de “hobbit”, como una de las razas de El señor de los anillos, por su baja estatura. Algunos “le reían las gracias”, pero una soldado, que fue objeto de sus burlas, no lo hizo. Le dio el primer aviso cuando descubrió que le había hecho un sticker que circulaba ya entre toda la unidad y el problema escaló cuando, amonestado por un capitán, el sargento la convirtió en protagonista de comentarios sexuales. “Tus compañeros te van a hacer un bukake”, llegó a decirle en referencia a la práctica de eyaculación colectiva sobre una persona. El Supremo ha confirmado la condena que un tribunal militar le impuso por estos hechos.
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