
Con motivo de la publicación, en dos volúmenes, de artículos que tenía dispersos, el autor, don Francisco Murillo, se permitió hacer el siguiente comentario irónico en el texto introductorio: “La ventaja de este tipo de recopilaciones es que permiten no leer de golpe lo que antes no se había leído por separado” (cito de memoria). Recordé estas palabras viendo el otro día la nueva película de Torrente. Solo que ahora en sentido inverso: basta verla para percibir, “de golpe”, cómo determinadas prácticas políticas aisladas terminan desembocando en esta descarnada sátira de nuestra política. Como es habitual en esos casos, en ella dominan la hipérbole y el esperpento, la deformación grotesca. Y, tratándose de un personaje como Torrente, todo aparece recubierto de un pegajoso barniz de cutrería. La cuestión es si, como ocurre en el universo valleinclanesco, no estamos solo ante una caricatura cruel, sino ante la revelación, en clave de ácida comedia, de una realidad más profunda. Quizá por eso mismo, la película no me hizo la más mínima gracia.
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