Minutos antes de las cinco de la tarde del 17 de agosto de hace cinco años, un asesino improvisó, por motivos religiosos, una matanza con una furgoneta blanca. Se colocó en el centro de las Ramblas de Barcelona y a toda velocidad recorrió en zigzag los 530 metros necesarios para matar a 16 personas y herir a más de 130. Murieron dos niños, de tres y siete años. 34 nacionalidades reunían las víctimas. Demasiadas banderas en un momento caníbal de símbolos y señuelos.
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