Dicen que viajar a Berlín es una de esas recomendaciones que hay que seguir. Una ciudad viva, alegre, intensa y con siglos de historia, incluido un siglo XX traumático que Berlín no oculta. Es una ciudad que recuerda con respeto y calma. Desde el presente, habla de su pasado a modo de consejos para el futuro. Su Parlamento no es ajeno a este ejercicio de memoria. Quizás por la dureza de muchos momentos de los que ha sido testigo. Incluido el incendio que, en 1933, contribuyó a liquidar la República de Weimar. Un joven militante comunista fue ejecutado por ello, aunque el Tribunal Superior de Berlín Occidental lo absolvió en 198O, gracias a investigaciones históricas que probaron la autoría nazi del incendio. Pero el suceso sirvió a Hitler para suspender las libertades ciudadanas, perseguir a la oposición e iniciar, ya sin máscaras, su régimen de terror.
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