El Papa ha pronunciado este lunes en el Congreso, en sesión conjunta con el Senado, un histórico discurso en el que ha subrayado el valor moral de las decisiones políticas, que debe estar por encima “de consensos sociales mudables” o el “vaivén de las mayorías de cada momento”, y en el que ha reprochado “la descalificación permanente del adversario”, precisamente en un lugar donde se ha convertido en la práctica cotidiana. “Quienes ejercen una responsabilidad pública tienen, por eso, una especial obligación de custodiar la palabra para ‘desarmar el lenguaje’. La firmeza no exige desprecio; la discrepancia no conlleva humillación”, ha advertido en una llamada a rebajar la agresividad verbal y la polarización. Ha sido un discurso de media hora que ha recibido al final con siete minutos de aplausos, una de las ovaciones más largas que se recuerdan en el hemiciclo, y en tres ocasiones se han oído gritos de “¡Viva el Papa!“.
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