El Papa se fue de España el viernes satisfecho, con la sensación de un viaje triunfal, si se deja a un lado la peripecia final del vuelo de regreso. Era su primera visita a un país occidental, salvo su breve paso por Mónaco en marzo, y la cita iba a servir para medir la receptividad de su mensaje en los debates cruciales contemporáneos. En ese sentido, la visita ha sido un éxito. El impacto de León XIV en España ha sido profundo, tanto a nivel político como humano, porque el país ha descubierto un pontífice que le resultaba enigmático y difícil de descifrar, pero cuya popularidad y prestigio ahora se han disparado, con una asistencia masiva a sus actos.
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