Lo del derecho a guardar silencio cuando un juez amenaza con empapelarte debería aplicarse también a los familiares y a los amigos. Toda defensa que no sea jurídica ni venga avalada por un colegio de abogados contribuirá siempre a complicarle las cosas al investigado. No solo el infierno está hecho de buenas intenciones: las manos que intentan sacar del pozo al amigo caído suelen ahogarlo.
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