Una de las muchas cosas que unen a los ultras del mundo entero es su empeño en sembrar dudas sobre la limpieza de los procesos electorales. A falta de pruebas en que basar sus denuncias, la estrategia consiste en colocar bajo sospecha algún eslabón del sistema. En Brasil, los seguidores de Jair Bolsonaro lo sitúan en el voto electrónico, que funciona desde hace más de dos décadas sin que se haya demostrado la menor anomalía. En Estados Unidos, el objetivo es el sufragio por correo, señalado por Donald Trump, siempre una inspiración para sus admiradores españoles. Y en Vox han corrido a copiarle
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