El asilo que no llega a Ceuta: “Soy palestino, crucé a nado y no me dicen nada de mi solicitud”

Las manos del palestino Saddam Yaser están anudadas a un pequeño bolso negro que lleva cruzado al pecho. Lo aferra fuerte, mientras recorre el paseo que circunda la playa del Trampolín, donde mata el tiempo desde hace ya trece noches, cuando nadó hasta Ceuta. Si estos días pudieran definirse con verbos, los suyos serían esperar y proteger. Esperar a que las autoridades tramiten su solicitud de asilo y proteger los documentos que acreditan que ya ha comenzado el proceso. Le aterra perderlos, que se los roben, quedar abandonado en un limbo. “Sé que no soy mis papeles pero también que sin ellos no podré ser nada”, dice, conjugando siempre en futuro. En lo que hará cuando se resuelva si es o no apto para acogerse al derecho de asilo en España.

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