
Cuatro menores que entraron a nado en Ceuta esperan frente a uno de los guardias civiles que custodian la otra puerta de la frontera con Marruecos. No están en el paso habitual, el de los controles, los pasaportes y los carriles por los que entran y salen quienes cruzan la frontera de forma regular. Están a un lado, junto a una valla gris, oxidada, de apenas unos metros de longitud que separa los dos países. Por este paso, un estrecho camino de cemento conecta ambos lados de la frontera, regresan a Marruecos quienes entraron de forma irregular. Los cuatro niños esperan acompañados por una traductora, que hace de puente entre ellos y los agentes. Al otro lado del espigón del Tarajal espera Marruecos.


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