Ceuta, el mes que rompió una ciudad

Una pareja de vecinos de Ceuta se negaba esta semana a salir de su casa, situada frente a la playa de Benítez porque temían que alguno de los miles de inmigrantes que duermen diariamente en la arena la ocupen. Saben de lo que hablan porque ya les ha pasado: dos inmigrantes subieron días atrás por la terraza y tuvieron que echarlos. El jueves, en esa misma playa, un grupo de ceutíes irrumpió en el campamento de los inmigrantes y mientras los marroquíes huían, arrasaron las chabolas, tiraron al mar parte y el resto lo quemaron en una gran hoguera junto con las mantas, las cañas de bambú que sirven de precaria estructura y las mochilas que encontraron. Unos minutos antes habían cantado “A por ellos, oé, a por ellos, oé”. Leila Mohamed, residente ceutí del barrio de El Príncipe, aseguraba el miércoles que esa mañana había visto a una vecina con un corte de navaja en la mejilla, obra de un inmigrante al que descubrió metido en su garaje. Ese mismo día, por la noche, tras una manifestación que terminó de madrugada, un grupo de ceutíes recorría con palos el centro de la ciudad buscando marroquíes caminando por la calle o durmiendo en las esquinas.

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