Ceuta se resigna a vivir en la excepción

Playa de El Trampolín, el sábado 19 de septiembre.

Husam Yamal y Samir Bonaya se despertaron el sábado por la mañana muy temprano en la playa de El Trampolín, en Ceuta, donde duermen en una tienda de campaña desde que entraron ilegalmente por la frontera el 30 de julio, se asearon como pudieron y se fueron al trabajo: los dos, argelinos, de 33 y 26 años, son pintores, y a juzgar por los vídeos que muestran en sus móviles, buenos y detallistas. Los ceutíes los contratan por días, a veces por 50 euros cada uno, a veces por 20 los dos. No hay tarifa fija. Se ven obligados a aceptar lo que les ofrezcan. Para encontrar trabajo se plantaron en las tiendas de materiales de pintura y así contactaron con los clientes. Hoy ya saben dónde tienen que ir. Mientras Husam y Samir van a su trabajo, Alejandra Romero, de 40 años, vecina de la ciudad, cirujana en el hospital de Ceuta, va al suyo. Si le toca entrar de urgencias, lo hace con miedo y con una angustia considerable: desde la entrada masiva de inmigrantes, hace 50 días, una guardia es un pasaporte seguro para el enloquecimiento. “Vienen inmigrantes con traumatismos, con navajazos, con perdigonazos, con heridas por peleas: casi dos o tres al día. Graves. Y voy con miedo porque aquí no hay un cirujano plástico, ni un cirujano cardiólogo; estoy yo sola para todo. Y si uno de esos navajazos toca el corazón, no sé…”.

Seguir leyendo

Alejandra Moreno, Carlos Delgado y su hijo, en su casa de Ceuta. Una calle del centro de Ceuta, el sábado 19.Una calle del centro de Ceuta. Unos operarios de limpieza de Ceuta junto al asentamiento de la playa de Benítez.

Sé el primero en comentar en «Ceuta se resigna a vivir en la excepción»

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*


Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.