El desahucio de Maricarmen Abascal ha provocado una alquimia y ha abierto el camino para convertir el descontento en fuerza de transformación social. ¿En toda la sociedad, en buena parte de ella, sólo en un sector? ¿Suficiente para cambiar el estado de ánimo del electorado progresista? Estas son las preguntas que permiten valorar la pertinencia de un adelanto electoral. De momento, lo ya constatado es que la movilización ha focalizado la conversación pública en la principal preocupación de los españoles, los responsables políticos se han visto forzados a actuar con sentido de urgencia, cualquier intento de confrontación generacional se ha frustrado al ver a miles de jóvenes saliendo a las calles para protestar por el desahucio de una mujer de 87 años, y lo que es más relevante, el descontento individual que conduce a la apatía y la melancolía se ha convertido en redescubrimiento de la fuerza de la acción colectiva.
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