Del confinamiento al furor por viajar. El fin de las restricciones de la pandemia deja en las ciudades españolas más turísticas un verano de calles y monumentos abarrotados y también un rastro de preocupación. La riada de visitantes que en julio y agosto tomó el centro de Santiago de Compostela, Granada, Sevilla o Málaga ha recordado a los alcaldes y vecinos que el éxito turístico tiene sus sombras. Para afrontar el sobrecoste que provoca en servicios municipales como la limpieza, el transporte o la seguridad, estas localidades han empezado a reclamar que se les permita implantar una tasa turística como la que funciona en Cataluña, Baleares y gran parte de Europa. Mientras la coalición de izquierdas de la Generalitat Valenciana tramita ya la aprobación de este impuesto que pagan los turistas en establecimientos hoteleros, los gobiernos autonómicos del PP en Galicia y Andalucía se oponen a autorizarlo.
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