Como siempre que se toca la ley del solo sí es sí, el fondo del debate resultó muy duro, pero las formas esta vez lo fueron un poco menos que en el anterior pleno del Congreso, el de la toma en consideración. Y eso, pese a la desolación que se respiraba tanto en Unidas Podemos como en el PSOE con el asunto que probablemente más desgaste al Gobierno y que sin duda está en el centro de la peor crisis de la coalición, servía para consolar a los más optimistas. Nadie disimuló. La escena final de la votación de la reforma este jueves, con el PP eufórico en pie, Irene Montero indignada mirando a la bancada socialista y esta en silencio, sin aplaudir y con caras muy serias, explica más que muchas palabras.
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